Ahorre agua: es su responsabilidad

El agua es uno de los recursos naturales más valiosos con los que cuenta la humanidad. Pero aunque la mayor parte de nuestro planeta está compuesto por agua, un 97 % del total está salada y, gran parte del resto, congelada en los polos. Por eso no debe ser desperdiciada. Desde el principio de los tiempos, cada vez que tomamos un sorbo de agua pensamos que es limpia y nueva y que se utiliza por primera vez. Pero no es así, el agua que bebemos, ha sido reciclada una y otra vez desde los comienzos del universo, por diversas formas de vida, como un dinosaurio, un conejo, una paloma y hasta por Julio Cesar, Cristóbal Colón o Cervantes.

¿Por qué ahorrar agua?

Cuatro millones de personas no tienen acceso en la actualidad a una fuente de agua potable, saludable y segura y, otros muchos, enferman a diario por consumir aguas contaminadas. En el verano de 1995, había diez millones de españoles con restricciones de agua, lo que supone una pérdida de su calidad de vida. Por tanto, el agua hay que cuidarla, en primer lugar, por solidaridad.

Desde un enfoque económico, también ahorrar agua merece la pena para nuestros bolsillos. La diferencia de consumir 20m³ al trimestre a gastar el doble es muy pequeña económicamente hablando. Pero no se olvide que más del 40% del agua que usamos es caliente y requiere energía para calentarla, y ésta tiene un valor superior a cuatro veces el coste del agua, por lo que realmente su consumo es de media muchísimo más caro de lo que nos imaginamos. En una ducha, por ejemplo, el 87 % del agua que consumimos es caliente. Si no utilizamos parte de ésta, estaremos ahorrando energía casi en la misma proporción. Una familia media deja en los gastos por agua un 1% de sus ingresos y más de un 17% en energía.

Por otra parte existen técnicas, trucos y hábitos que nos permiten vivir confortablemente, sin mermas de calidad y/o confort y ahorrar más del 50% del agua que consumimos habitualmente, lo que propicia a ahorrar un porcentaje equivalente de dichos gastos. Cuidarla de forma racional es una obligación de todos los ciudadanos para asegurar a las próximas generaciones un mundo habitable.

Un 79,5% del agua que consumimos la dedicamos a la agricultura; el resto, un 20%, lo usamos en las industrias y en nuestros hogares. Ahorrar agua en todas las actividades que realizamos significa unir nuestros esfuerzos para reservar un recurso necesario en la vida y en nuestro desarrollo económico. El esfuerzo debe ser doble: por una parte, disminuir el consumo y, por otra, reducir la carga contaminante. Cada gota de agua que malgastamos supone una gota menos en un río, un lago, o un embalse. Los ahorros modestos son muy valiosos.

Pero, ¿por dónde comenzamos? El primer paso es identificar dónde usamos agua en nuestra casa. Luego necesitamos decidir sobre qué hacer para reducir la cantidad, ya sea eliminando prácticas y hábitos de desperdicio, o mejorando la eficiencia, empleando instalaciones y accesorios más eficientes. Un área que es importante vigilar es el baño, donde se usa cerca del 65% de toda la casa. La mayor parte del agua "consumida" en nuestras actividades diarias es simplemente desperdiciada.